Un estudio regional detectó un crecimiento marcado en México, Perú y Puerto Rico, mientras Cuba y República Dominicana mantuvieron cifras estables.

La demencia en América Latina muestra una tendencia preocupante en tres de cinco lugares analizados. En dos décadas, la proporción pasó de cerca de uno de cada diez mayores a casi uno de cada seis.
JAMA Neurology anunció el estudio, que comparó la prevalencia de demencia en comunidades de Cuba, México, Perú, Puerto Rico y República Dominicana. El equipo analizó datos de casi 18.000 personas de 65 años o más.
El equipo realizó evaluaciones puerta a puerta y aplicó entrevistas, pruebas cognitivas e instrumentos estandarizados. Este diseño permitió incluir a personas que quizá nunca acudieron a una consulta neurológica ni recibieron un diagnóstico formal.
Los resultados muestran un aumento de la prevalencia ajustada por edad y sexo en México, Perú y Puerto Rico. En Cuba y República Dominicana, las tasas permanecieron estadísticamente estables durante el periodo estudiado.
La demencia en América Latina no avanza de forma uniforme. Esa diferencia entre países refuerza una idea central: el envejecimiento poblacional interactúa con la desigualdad, la salud cardiovascular y la capacidad de los sistemas sanitarios.
Un contraste con los países ricos
La tendencia difiere de la reducción que varios estudios identifican en Estados Unidos y otros países de ingresos altos. Los investigadores relacionan ese descenso con una mejor educación, mayor control cardiovascular y mejores condiciones de vida.
Esa explicación no demuestra una causa directa para cada país latinoamericano. Sin embargo, ofrece una hipótesis coherente: la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y los accidentes cerebrovasculares también afectan la salud cerebral.
La Organización Mundial de la Salud señala que la presión arterial alta, la diabetes, la obesidad, la depresión, la pérdida auditiva, la pérdida visual, el tabaquismo, el alcohol y la inactividad física elevan el riesgo de demencia.
La Comisión de The Lancet identificó 14 factores modificables: baja educación, pérdida auditiva, colesterol LDL alto, hipertensión, obesidad, diabetes, inactividad física, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, depresión, traumatismos craneales, aislamiento social, contaminación del aire y pérdida visual no tratada.
Actuar sobre estos riesgos a lo largo de la vida podría prevenir o retrasar cerca del 45 % de los casos de demencia. Por eso, la prevención exige políticas públicas y no solo recomendaciones dirigidas a cada persona.
El impacto preocupa especialmente desde los 75 años y se intensifica después de los 85, porque la edad constituye el principal factor de riesgo conocido. El estudio regional incluyó a personas de 65 años o más, pero no atribuye el mismo riesgo a todos los grupos. Como referencia internacional, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos estima que una de cada 13 personas de 65 a 84 años y una de cada tres mayores de 85 viven con alzhéimer, la causa más común de demencia. Por eso, la prevención debe comenzar mucho antes, durante la mediana edad.
Qué aporta el estudio
La investigación destaca por aplicar una metodología comparable en distintos momentos y territorios. El equipo no dependió únicamente de registros hospitalarios, que suelen excluir a quienes carecen de diagnóstico o acceso continuo a especialistas.
Maria João Forjaz, investigadora del Instituto de Salud Carlos III, valoró la solidez del trabajo y su recolección comunitaria. También destacó la rapidez del envejecimiento regional y las desigualdades que acompañan ese proceso.
Aun así, el estudio no representa a toda América Latina y el Caribe. Solo analizó cinco lugares, por lo que sus resultados no permiten calcular automáticamente la prevalencia en Ecuador, Colombia, Brasil u otros países.
Los investigadores tampoco incorporaron biomarcadores, neuroimágenes o análisis de líquido cefalorraquídeo para todos los participantes. Además, el trabajo no diferenció de forma detallada la gravedad ni todos los tipos de demencia.
Estas limitaciones impiden interpretar los porcentajes como un censo regional o como una medición exacta de la enfermedad de Alzheimer. La demencia reúne varios trastornos, y el alzhéimer constituye su causa más frecuente.
Una región que necesita prepararse

La Organización Panamericana de la Salud advierte que la demencia causa discapacidad, dependencia y fuertes costos familiares. También señala que la región todavía diagnostica pocos casos y necesita métodos de vigilancia comparables.
La demencia en América Latina obliga a mirar más allá de las cifras clínicas. Cada diagnóstico implica necesidades de cuidado, adaptación del hogar, seguimiento médico y apoyo emocional para la persona y su entorno.
La respuesta debe empezar antes de la vejez. Los sistemas sanitarios pueden controlar la hipertensión, la diabetes y el colesterol; promover actividad física; atender la salud auditiva y visual; y reducir el consumo de tabaco y alcohol.
Los gobiernos también necesitan formar personal de atención primaria, crear registros nacionales, ampliar servicios comunitarios y apoyar a los cuidadores. Sin esos recursos, las familias asumirán casi solas una carga cada vez mayor.
La principal enseñanza resulta clara: vivir más años representa un logro, pero exige preparar sistemas capaces de proteger la salud cerebral. América Latina todavía puede actuar, medir mejor el problema y convertir la prevención en una prioridad pública.
Ecuador no participó en el estudio de JAMA Neurology, pero enfrenta una señal similar: el envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades cardiovasculares y la falta de registros nacionales dificultan medir la demencia. Estudios locales muestran que el riesgo crece con la edad, especialmente después de los 75 años, por lo que el país necesita diagnóstico temprano, vigilancia epidemiológica y mayor apoyo para cuidadores.
F: JAMA Neurology, OMS, OPS, The Lancet y Alzheimer’s Association.
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