La experiencia lingüística da forma a la organización funcional del cerebro infantil, incluso antes del nacimiento.
Los cerebros de los bebés se especializan en su idioma nativo desde el embarazo, según un estudio realizado en Francia. El equipo de investigación usó encefalogramas para medir la actividad cerebral de 33 neonatos con madres francófonas o, que hablan francés, mientras oyen un cuento en dicho idioma, inglés o español. Los resultados constituyen “la evidencia más convincente hasta la fecha de que la experiencia lingüística ya da forma a la organización funcional del cerebro infantil, incluso antes del nacimiento”, escriben los autores en Science Advances.

Voces expertas
Jordi Costa Faidella, profesor agregado de Brainlab en la Universitat de Barcelona (UB) e investigador en el Institut de Recerca Sant Joan de Déu, y Carles Escera, catedrático de Neurociencia Cognitiva de Brainlab (UB) e investigador en el Institut de Recerca Sant Joan de Déu, dicen:
“Se trata de un estudio muy interesante, tanto por los hallazgos como por el método usado. El grupo de investigación liderado por la doctora Gervain, de la Universidad de Padova, ha encontrado unos marcadores de actividad cerebral en bebés que reflejan la exposición que han tenido a su lengua materna mientras estaban en el útero de su madre. Concretamente, han visto que la actividad eléctrica rítmica del cerebro de los bebés después de escuchar grabaciones en su lengua materna se sintoniza al ritmo silábico de dicha lengua, lo que sugiere que las experiencias prenatales afinan la capacidad de los bebés para captar el lenguaje de su madre.
Hace tiempo que se sabe que las experiencias auditivas intrauterinas, como la exposición al habla o a la música, modulan la forma en la que los recién nacidos perciben el sonido, incluyendo sus preferencias. Por ejemplo, los bebés prefieren la voz de la madre a otras voces. Y los bebés de madres que cantan a diario o escuchan música por altavoces, nacen con una mejor capacidad de codificar el tono de la voz. Este estudio constituye una aportación interesante al campo, aunque creemos que es difícil asegurar que sus resultados reflejan directamente las características del idioma materno. Para ello se debería poder replicar los resultados en bebés nativos de los otros idiomas que aparecen en el estudio (español e inglés).
Además, hay factores que podrían influir, como por ejemplo la atención diferente que un bebé presta al idioma materno en comparación con otros, dado que los ritmos cerebrales asociados con la atención son similares a los hallados en el estudio. Sea como sea, los resultados de las investigaciones actuales sobre la influencia de la estimulación auditiva prenatal abren un sinfín de posibilidades para intervenciones tempranas en bebés con riesgo de sufrir problemas de la adquisición del lenguaje”.

Raquel Fernández Fuertes, directora del Laboratorio de Adquisición del Lenguaje de la Universidad de Valladolid (UVALAL), dice:
«Los trabajos previos sobre el estudio de cómo los bebés y los niños pequeños adquieren su primera lengua (en el caso de la adquisición monolingüe) y sus primeras lenguas (en el caso de la adquisición bilingüe y multilingüe) vienen mostrando desde hace tiempo la importancia de la exposición al lenguaje. Es decir, la adquisición del lenguaje se produce porque los bebés están expuestos a un input lingüístico, entre otros factores relevantes (por ejemplo, la herencia genética). La presente investigación da un paso adelante (o hacia atrás en términos de la cronología del bebé) al explorar si esto es así también prenatalmente.
El estudio muestra una metodología cuidadosamente controlada en cuanto a la selección de los participantes, el diseño de las condiciones experimentales y el procedimiento de recogida de datos. Los autores tienen en cuenta la distancia tipológica del lenguaje y la familiaridad con el mismo, así como la longitud de las unidades lingüísticas (medida mediante bandas de frecuencia theta frente a gamma) para ofrecer un relato detallado de lo que el recién nacido es capaz de procesar.
Los bebés identifican con éxito la lengua a la que han estado expuestos prenatalmente, como el francés y la distinguen de lenguas desconocidas independientemente de que sean prosódicamente similares (es decir, el español) o más distantes (es decir, el inglés). Además, los bebés son sensibles en este mismo estado inicial a las unidades prosódicas más grandes (es decir, las sílabas, la banda theta: tipo de actividad eléctrica que se produce en el cerebro humano) y no a las más pequeñas (es decir, los fonemas, la banda gamma: patrones de actividad eléctrica en el cerebro), ya que son las unidades las que están expuestos en la lengua que han escuchado prenatalmente. El efecto de la experiencia lingüística antes del nacimiento resulta ser un factor determinante en el procesamiento y la adquisición del lenguaje ya durante los primeros días después del nacimiento”.