
La mortalidad infantil sigue siendo uno de los principales retos de salud pública a nivel mundial. Más del 80% de las muertes de niños menores de 5 años ocurre en África subsahariana y el sur de Asia, regiones donde los recursos sanitarios son escasos y las intervenciones preventivas aún no alcanzan a toda la población que las necesita.
Sin embargo, América Latina y el Caribe también enfrentan desafíos importantes, aunque con avances notables en las últimas décadas.
Panorama global y regional
El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU plantea reducir la mortalidad infantil a menos de 25 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en todos los países para 2030. Mientras que en muchos países de altos ingresos la tasa es cercana a 2 por 1.000, más de 50 países no lograrán la meta para la fecha prevista.
En América Latina y el Caribe, la mortalidad en menores de 5 años ha disminuido en un 60% desde el año 2000, situándose alrededor de 16 por cada 1.000 nacidos vivos. Sin embargo, persisten grandes desigualdades entre países y dentro de ellos, especialmente en zonas rurales y comunidades indígenas.
Factores de riesgo y causas principales

Un análisis reciente de la OMS identificó los principales factores de riesgo asociados a la mortalidad infantil, que incluyen:
– Edad menor de 24 meses
– Baja antropometría (desnutrición)
– Parto prematuro
– Bajo peso al nacer
– Ausencia de lactancia materna
Estos factores tienden a ser aditivos y su impacto disminuye a medida que el niño crece. La ausencia de lactancia materna puede deberse tanto a prácticas culturales como a enfermedades que impiden amamantar, lo que subraya la importancia de intervenciones personalizadas y seguimiento cercano a los niños en mayor riesgo.
El rol de las condiciones maternas y fetales
Estudios previos sugieren que una vía causal común puede llevar al parto prematuro, bajo peso al nacer y, en consecuencia, a la muerte fetal. Las tasas de mortinatos o parto de feto muerto, son similares a las de muertes neonatales y representan casi un tercio de todas las muertes de menores de 5 años a nivel mundial.
Abordar las condiciones placentarias (de placenta), fetales y maternas es esencial para reducir la mortalidad infantil, especialmente en contextos donde la atención prenatal y el control del embarazo son limitados.
Desigualdades y desafíos en América
– Aunque América Latina ha logrado avances, la mortalidad infantil sigue siendo más alta en zonas rurales, comunidades indígenas y entre familias en situación de pobreza.
– La pandemia de COVID-19 ha agravado la vulnerabilidad de muchas familias, dificultando el acceso a servicios de salud y nutrición.
– Programas como las transferencias monetarias condicionadas han demostrado reducir la mortalidad infantil hasta en un 24% en áreas con alta cobertura, especialmente en muertes asociadas a pobreza y enfermedades prevenibles.
En Ecuador
La mortalidad infantil ha mostrado una tendencia a la baja en las últimas décadas, alcanzando en 2023 una tasa de 9,7 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, mientras que la mortalidad en menores de 5 años se ubicó en 12,3 por cada 1.000 nacidos vivos.
Aún persisten desafíos importantes: las principales causas de muerte son afecciones originadas en el período prenatal, seguidas por enfermedades prevenibles como las diarreas y las infecciones respiratorias agudas, muchas asociadas a la desnutrición y a la falta de acceso a servicios de salud esenciales.
Perspectivas y recomendaciones

La evidencia subraya la necesidad de:
– Integrar sistemas de evaluación de riesgos en los algoritmos de diagnóstico y referencia ya existentes, para identificar a los niños que requieren atención prioritaria.
– Realizar ensayos clínicos que determinen si estos sistemas de estratificación (desigualdad en la distribución de recursos y oportunidades en una sociedad) de riesgo mejoran efectivamente los resultados en salud.
– Fortalecer la atención prenatal y la calidad del parto, así como promover la lactancia materna exclusiva y mejorar la nutrición infantil.
– Invertir en recursos humanos y sistemas de información en salud, focalizando las intervenciones en los grupos y territorios más vulnerables.
F: The Lancet
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