
Una nueva orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha encendido las alarmas en la comunidad científica. Bajo el nombre de Restaurar la Ciencia de Estándar de Oro, o La ciencia de Referencia, la medida pretende reformar las políticas de integridad científica en las agencias federales, exigiendo mayor transparencia, rigor e impacto. Sin embargo, miles de científicos y expertos en políticas públicas han reaccionado con preocupación, alertando sobre el riesgo de una mayor interferencia política en las decisiones científicas.
La orden revoca políticas adoptadas durante la administración de Joe Biden, las cuales protegían a los investigadores federales de presiones ideológicas. En su lugar, se otorga a funcionarios designados políticamente la facultad de supervisar y definir lo que se considera ciencia válida, lo que podría comprometer la independencia de la investigación pública.
“La orden suena inofensiva, pero en la práctica representa una amenaza seria a la libertad científica”, declaró Gretchen Goldman, presidenta de la Union of Concerned Scientists, al medio Nature. En contraste, desde la Casa Blanca, la vocera Victoria LaCivita defendió la medida como un esfuerzo por “restaurar la confianza del público en la ciencia”, criticando el enfoque de la administración anterior.

La respuesta de la comunidad académica no se hizo esperar. Más de 4.800 científicos firmaron una carta abierta denunciando que esta política permite clasificar actividades científicas legítimas como mala conducta, abriendo la puerta a represalias contra investigadores que contradigan la narrativa oficial.
Aunque la iniciativa se presenta como un intento de reforzar la integridad científica, muchos temen que sea un nuevo intento de controlar el conocimiento científico desde el poder político. La tensión entre ciencia y política vuelve a ocupar un lugar central en el debate público estadounidense.
F: Nature
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