Pruebas genéticas en reproducción asistida: ¿avance médico o promesa falsa?

Pruebas genéticas en reproducción asistida: ¿avance médico o promesa falsa?

Entre la esperanza de prevenir enfermedades y las críticas al marketing excesivo

Las pruebas genéticas en reproducción asistida abren nuevas posibilidades médicas, pero también plantean dilemas éticos y sociales.

La medicina reproductiva vive una revolución impulsada por las pruebas genéticas aplicadas en tratamientos de fertilización in vitro (FIV). Estas técnicas prometen seleccionar embriones con menor riesgo de enfermedades hereditarias y aumentar las probabilidades de un embarazo exitoso. Sin embargo, junto a los avances médicos, crecen también las advertencias de especialistas sobre los límites científicos y el riesgo de un marketing que vende certezas donde aún existen dudas.

La promesa de la genética en la reproducción asistida

La llamada prueba genética preimplantacional (PGT, por sus siglas en inglés) permite analizar el ADN de los embriones antes de ser transferidos al útero. Su objetivo principal es identificar anomalías cromosómicas (PGT-A) o enfermedades monogénicas como la fibrosis quística o la distrofia muscular (PGT-M).

En teoría, esta tecnología puede reducir el número de intentos fallidos en un tratamiento de FIV, evitar abortos espontáneos y garantizar que los bebés nazcan libres de ciertas condiciones hereditarias.

En países como Estados Unidos y Reino Unido, las clínicas de fertilidad ofrecen estos estudios como parte de paquetes “premium”, con costos que pueden superar los 5.000 dólares adicionales al tratamiento estándar.

“Las pruebas genéticas son una herramienta valiosa, pero no son una garantía absoluta de éxito ni de salud perfecta en el recién nacido”, explica la genetista española María Gómez, investigadora en bioética y medicina reproductiva. “El discurso de algunas clínicas ha simplificado en exceso lo que la ciencia puede ofrecer”.

Entre avances reales y marketing cuestionable

La controversia surge porque, además de identificar enfermedades monogénicas, algunas compañías promocionan la capacidad de las pruebas para estimar riesgos de enfermedades comunes como diabetes, hipertensión o incluso rasgos físicos e intelectuales.

Esta práctica, conocida como PGT de riesgo poligénico (PGT-P), es vista por gran parte de la comunidad científica como prematura y con un trasfondo más comercial que médico.

El American Society for Reproductive Medicine (ASRM) publicó en 2024 un documento en el que advierte que “la utilidad clínica del PGT-A como prueba rutinaria aún está en debate, y su valor debe explicarse con cautela a los pacientes”.

Además, se han reportado casos de embriones descartados tras ser clasificados como “anormales” por estas pruebas, que posteriormente podrían haber resultado viables. Un debate que ya ha llegado a los tribunales en Estados Unidos y que abre un dilema ético: ¿cuánto confiar en un resultado genético probabilístico al tomar decisiones tan trascendentales?

El peso de la presión emocional y social

Pruebas genéticas en reproducción asistida: ¿avance médico o promesa falsa?
Las pruebas genéticas preimplantacionales (PGT) se han convertido en una herramienta en auge dentro de la reproducción asistida

Más allá de lo científico, también preocupa el impacto psicológico y económico en las parejas que buscan un hijo. La presión de “hacer lo máximo posible” para garantizar la salud del futuro bebé puede generar ansiedad, culpa y gastos difíciles de afrontar.

Las pruebas genéticas en reproducción asistida son, sin duda, uno de los avances más innovadores de la biomedicina contemporánea. Han salvado a muchas familias de la transmisión de enfermedades graves y tienen un potencial enorme para el futuro. No obstante, la ciencia todavía no respalda algunas de las promesas que se difunden en campañas publicitarias agresivas.

La clave parece estar en el equilibrio: utilizar estas tecnologías con información clara, asesoramiento genético adecuado y decisiones basadas en evidencia científica, no en promesas de marketing.

F: The Conversation BMC Translational Medicine

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Ma. Cecilia Moreno Ramírez

Master en Comunicación de la Ciencia y la Tecnología. Periodista. Docente universitaria.
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