Equidad lingüística en ciencia

Equidad lingüística en ciencia: por qué investigar solo en inglés limita la salud en América

Un análisis publicado en The Lancet Regional Health – Americas plantea que la ciencia en salud debe abrirse al español y portugués para reducir desigualdades y democratizar el conocimiento.

Equidad lingüística en ciencia
La ciencia global sigue hablando mayoritariamente en inglés, aunque millones de investigadores en América usan otros idiomas.

Equidad lingüística en ciencia no es solo una discusión académica: es un problema real que afecta quién produce conocimiento, quién lo entiende y quién se beneficia de él. Este cobra relevancia en América, donde millones de investigadores y comunidades enfrentan barreras por el predominio del inglés en publicaciones científicas.

Hablar de equidad lingüística en ciencia implica cuestionar un modelo que históricamente ha favorecido a quienes dominan el inglés, dejando fuera voces valiosas del conocimiento regional.

En ciencia, las palabras también pueden excluir

Mientras el conocimiento médico y científico avanza a una velocidad sin precedentes, una barrera menos visible continúa limitando quién participa realmente en esa conversación global: el idioma. Aunque América es un continente donde predominan el español y el portugués, el inglés sigue siendo la lengua dominante de la publicación científica internacional. Esa hegemonía no es solo una cuestión práctica; también es un factor que amplía desigualdades.

Un reciente comentario publicado en The Lancet Regional Health – Americas pone el foco sobre este problema con una pregunta incómoda pero necesaria: ¿puede hablarse de ciencia inclusiva cuando buena parte de los investigadores y comunidades no acceden al conocimiento en su propio idioma?

La respuesta de los autores parece clara: no

Según el análisis, aunque el inglés es el idioma predominante en la comunicación científica, es la lengua principal de menos de un tercio de la población del continente americano. En contraste, el español reúne cerca de 400 millones de hablantes y el portugués más de 200 millones. Sin embargo, la estructura académica internacional sigue premiando el inglés como idioma casi obligatorio para publicar, presentar hallazgos y construir carreras científicas. Esto genera una brecha silenciosa pero profunda.

Un investigador que no domina el inglés enfrenta mayores dificultades para redactar artículos, responder revisiones editoriales, participar en congresos internacionales o incluso acceder rápidamente a literatura científica actualizada. Esa desigualdad no es solo profesional; también impacta en la salud pública, porque limita la circulación del conocimiento hacia quienes diseñan políticas, trabajan en comunidades o necesitan información confiable.

La ciencia que no se entiende, simplemente no llega

En América Latina, donde muchos problemas sanitarios tienen características sociales, culturales y económicas particulares, depender exclusivamente de publicaciones en inglés puede ralentizar la aplicación local de evidencia científica. Es una paradoja: se investiga sobre poblaciones hispanohablantes o lusoparlantes, pero los resultados terminan circulando principalmente en un idioma que esas mismas comunidades no dominan.

¿Puede la inteligencia artificial resolver este problema?

Equidad lingüística en ciencia
La inteligencia artificial ayuda a traducir, pero no resuelve sola la inequidad estructural en ciencia.

Parcialmente, pero no del todo. El artículo reconoce que herramientas basadas en inteligencia artificial han reducido tiempos y costos de traducción. Hoy es más sencillo traducir documentos científicos que hace apenas unos años. Sin embargo, los autores advierten que confiar únicamente en IA sería un error.

Existen preocupaciones sobre privacidad de datos, derechos de autor, calidad contextual de las traducciones y hasta impacto ambiental asociado al uso intensivo de infraestructura tecnológica. Además, automatizar completamente la traducción podría desincentivar cambios estructurales más profundos dentro del ecosistema científico.

La IA puede ayudar, pero no reemplazar una transformación institucional. Por eso, el análisis propone tres acciones concretas:

La primera apunta a reformar las revistas científicas. La idea es que, como mínimo, exijan resúmenes bilingües y fomenten traducciones completas de artículos como material complementario. También se plantea aceptar manuscritos en varios idiomas, siguiendo modelos ya aplicados por algunas publicaciones regionales.

La segunda propuesta busca transformar congresos y formación académica. Conferencias con traducción simultánea, materiales multilingües y programas universitarios que valoren competencias lingüísticas regionales podrían reducir barreras históricas.

La tercera se enfoca en financiamiento y reconocimiento institucional. Los autores sostienen que los fondos de investigación deberían cubrir costos de traducción y que publicaciones en idiomas locales también deben considerarse mérito académico válido.

Más que una discusión lingüística, el debate toca una pregunta central: ¿para quién se hace la ciencia? Si el conocimiento científico pretende mejorar vidas, entonces debe ser accesible para quienes más lo necesitan. La comunicación científica no puede convertirse en un filtro de exclusión. El idioma no debería definir quién tiene voz en la ciencia. Porque democratizar el conocimiento también implica traducirlo.

F: The Lancet

Facebook
Twitter
LinkedIn
Imagen de Ma. Cecilia Moreno Ramírez

Ma. Cecilia Moreno Ramírez

Master en Comunicación de la Ciencia y la Tecnología. Periodista. Docente universitaria.
IG, Twiter, TikTok: @machemoreno @datocienciaec