La prohibición de estudiar, trabajar y participar en la vida pública reduce el futuro profesional de millones de afganas y agrava problemas de salud, educación y desarrollo.

Cinco años después del regreso de los talibanes al poder, las mujeres y niñas de Afganistán enfrentan restricciones sobre educación, trabajo y participación pública. UNESCO calcula que 2,2 millones de adolescentes están excluidas de secundaria, mientras la suspensión universitaria amenaza la formación futura de profesoras, médicas y otras profesionales.
Las mujeres en Afganistán cumplen cinco años bajo un sistema de restricciones que ha reducido su acceso a la educación, el empleo y la vida pública. Un editorial publicado por Nature el 11 de agosto de 2026 volvió a poner el foco sobre unos 20 millones de mujeres y niñas y advirtió sobre su progresiva normalización.
El texto de Nature no es un estudio científico original, sino un editorial apoyado en evidencia de organismos internacionales. Los datos respaldan esa preocupación: Afganistán sigue siendo el único país donde niñas y mujeres tienen prohibido sistemáticamente acceder a la educación secundaria y superior.
¿Cuántas niñas afganas están fuera de la educación secundaria?
Al menos 2,2 millones de adolescentes no pueden asistir a la secundaria por las restricciones vigentes, según UNESCO y UNICEF. La cifra refleja un impacto que abarca varias cohortes escolares y que puede traducirse, con el tiempo, en menos mujeres con formación profesional y universitaria.
Desde diciembre de 2022, las mujeres tampoco pueden asistir a universidades. Un análisis de UNESCO sobre el costo de suspender la educación superior calculó que más de 100.000 afganas no pudieron retomar sus estudios universitarios.
Ese análisis, publicado en 2024, utilizó datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de Afganistán 2016-2017 para modelar efectos económicos a escala individual, familiar y nacional. Sus cifras económicas son proyecciones, no pérdidas ya observadas.
¿Por qué excluir a las mujeres afecta también a la salud y al desarrollo?

Porque cerrar las aulas hoy reduce la cantidad de médicas, enfermeras, profesoras y otras profesionales mañana. UNESCO estima que, si continúa la suspensión universitaria, Afganistán podría perder hasta US$9.600 millones en potencial económico acumulado hacia 2066.
UNESCO calcula además que hacia 2030 el país podría no contar con reemplazos para más de 11.000 profesoras que se jubilarán.
La salud enfrenta otra presión. La Organización Mundial de la Salud informó que los recortes de financiación durante 2025 llevaron al cierre de más de 422 establecimientos sanitarios, dejando a unos tres millones de personas sin acceso a servicios esenciales y afectando especialmente a mujeres, niños y población desplazada.
UNESCO y UNICEF advierten que Afganistán necesita profesoras, enfermeras, trabajadoras comunitarias y médicas. En un contexto donde las normas pueden limitar quién atiende a las mujeres, impedir su formación puede reducir la disponibilidad futura de atención sanitaria femenina.
Más de cien decretos y una vida pública cada vez más reducida
ONU Mujeres señala que, desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, las autoridades de facto han emitido más de 100 decretos que afectan los derechos y oportunidades de mujeres y niñas.
Datos divulgados por ONU Mujeres en agosto de 2026 muestran otra dimensión: la mitad de las mujeres entrevistadas dijo salir de casa solamente una o dos veces al mes debido a las restricciones. El dato procede de consultas y no representa un censo de todas las afganas.
UNAMA agregó en marzo de 2026 que las mujeres son casi cuatro veces menos propensas que los hombres a acceder a mecanismos formales de justicia, una brecha que dificulta denunciar abusos o reclamar derechos.
¿Qué significa esta situación para las mujeres en Afganistán?

La exclusión de las mujeres en Afganistán no afecta únicamente a quienes hoy no pueden estudiar o trabajar. Reduce el capital humano del país: menos alumnas pueden convertirse después en docentes, profesionales sanitarias, investigadoras, técnicas o funcionarias, mientras la economía pierde conocimientos y productividad potencial.
No existe un único estudio capaz de calcular todas las consecuencias futuras, y varias estimaciones dependen de modelos económicos o consultas parciales. Sin embargo, UNESCO, UNICEF, ONU Mujeres, UNAMA y la OMS coinciden en una tendencia: las restricciones debilitan simultáneamente educación, empleo, salud y participación social.
El editorial de Nature plantea ese riesgo: que la comunidad internacional termine aceptando como normal la exclusión prolongada de aproximadamente la mitad de la población. El desafío es impedir que una generación quede desconectada de las oportunidades necesarias para construir el futuro del país.
¿Pueden estudiar actualmente las niñas en Afganistán?
Las niñas pueden acceder a la educación primaria, pero Afganistán es actualmente el único país donde las autoridades prohíben sistemáticamente a niñas y mujeres continuar hacia la educación secundaria y superior. UNESCO y UNICEF estiman que 2,2 millones de adolescentes están excluidas de la secundaria.
¿Cómo afecta la prohibición educativa al sistema de salud?
La prohibición limita la formación de futuras médicas, enfermeras y trabajadoras sanitarias. UNESCO y UNICEF advierten que Afganistán necesita profesionales mujeres, especialmente porque las restricciones sociales pueden condicionar la atención de pacientes femeninas. La reducción de nuevas profesionales podría agravar un sistema sanitario que ya enfrenta cierres y falta de recursos.
¿Cuánto puede costarle económicamente a Afganistán esta exclusión?
UNESCO estima que mantener suspendido el acceso femenino a la educación superior podría representar hasta US$9.600 millones en potencial económico perdido acumulado hacia 2066. La cifra procede de un modelo económico basado en datos de 2016-2017, por lo que constituye una proyección y no una pérdida ya registrada.
F: Nature