Un modelo publicado en Science Advances cuestiona que siempre exista una cadena visible de pequeños brotes antes de una pandemia. The Lancet propone reforzar la preparación más allá de la vigilancia de virus.

Un modelo matemático y evolutivo publicado en Science Advances indica que un patógeno con potencial pandémico podría emerger sin múltiples intentos fallidos detectables. El hallazgo no predice otra pandemia, pero refuerza la necesidad de combinar vigilancia epidemiológica con sistemas sanitarios y sociales preparados para responder ante amenazas inesperadas.
La próxima pandemia podría no estar precedida por una sucesión clara de brotes pequeños que funcione como alarma. Esa es la conclusión principal de un estudio teórico publicado en Science Advances por Justin Lessler y C. Jessica E. Metcalf.
Los investigadores, vinculados a la Universidad de Carolina del Norte, Johns Hopkins y Princeton, en Estados Unidos, utilizaron modelos para explorar cómo los cambios genéticos de un patógeno pueden modificar su capacidad para transmitirse en animales y humanos.
El trabajo no estudió pacientes ni siguió un brote real. Tampoco identifica cuál será el próximo virus pandémico. Su objetivo fue analizar si la evolución de un patógeno debería dejar señales detectables antes de lograr una transmisión sostenida entre personas.
¿Qué descubrió el estudio sobre la próxima pandemia?,
El modelo sugiere que, bajo distintas condiciones plausibles, un patógeno con potencial pandémico puede emerger sin estar precedido por múltiples “intentos fallidos” detectables. Podrían no aparecer varias cadenas pequeñas de transmisión humana antes de una expansión mayor.
Los autores llaman “emergencias fallidas” a eventos en los que un patógeno (cualquier microorganismo o agente capaz de causar una enfermedad) llega a humanos o inicia una transmisión limitada, pero no consigue mantenerse de forma sostenida en la población.
La idea importa porque parte de la vigilancia de enfermedades emergentes busca precisamente esas señales tempranas. Sin embargo, Lessler y Metcalf muestran que la ausencia de muchos intentos previos no garantiza que un patógeno carezca de capacidad para emerger.
Esto tampoco significa que vigilar los saltos entre especies sea inútil. El número y las características de esos eventos aportan información sobre el riesgo y permiten actualizar lo que se conoce sobre el entorno evolutivo del patógeno.
El estudio apunta además a factores que pueden modificar ese entorno, como la ecología viral en especies que actúan como puente entre reservorios animales y humanos, y el panorama inmunológico de la población.
¿Por qué este hallazgo cambia la preparación ante pandemias?

Porque limita la idea de que siempre habrá tiempo para reconocer una amenaza antes de que alcance una transmisión amplia. Si algunas señales pueden ser débiles o inexistentes, la respuesta sanitaria no puede depender solamente de anticipar qué virus producirá la próxima pandemia.
Esta conclusión coincide con otra discusión publicada casi al mismo tiempo en The Lancet. La Comisión NUS–Lancet PRIME sostiene que la preparación debe ir más allá de laboratorios, vigilancia epidemiológica, reservas de insumos y planes de emergencia.
La Comisión, impulsada por la National University of Singapore y The Lancet, reunió evidencia de 20 países, entrevistas con comunidades y actores sociales, seis revisiones de evidencia, escenarios futuros y modelización epidemiológica.
Su análisis identifica cinco vulnerabilidades que pueden agravar una crisis: inseguridad en necesidades básicas, hacinamiento o vivienda precaria, exclusión sanitaria y social, desconfianza institucional y fragilidad de los sistemas de salud y protección social.
La propuesta no reemplaza la detección temprana. La complementa. PRIME plantea que un país puede tener laboratorios, protocolos y vigilancia, pero aun así fallar si la población no puede aislarse, recibir atención o mantener sus medios de vida.
La Comisión también modeló una pandemia hipotética de influenza A. En ese escenario, acelerar el desarrollo de vacunas redujo las muertes estimadas un 59 %, de 58,5 millones a 23,9 millones. Es una simulación, no una predicción.
Para Ecuador y América Latina, estos trabajos no ofrecen una fecha, una probabilidad específica ni una estimación nacional del riesgo. Su relevancia está en la planificación: vigilancia, atención sanitaria, comunicación pública y protección social deben funcionar antes de conocer la siguiente amenaza.
La principal limitación del trabajo de Science Advances es precisamente su naturaleza teórica. Los modelos permiten comparar escenarios evolutivos posibles, pero no reproducen toda la complejidad ecológica, inmunológica y social de una emergencia real.
En conjunto, ambos trabajos desplazan la pregunta. No se trata solo de descubrir a tiempo el próximo patógeno, sino de construir sistemas capaces de responder incluso cuando la advertencia sea incompleta. Esa preparación comienza mucho antes de una emergencia.
¿El estudio predice cuándo ocurrirá la próxima pandemia?
No. Es un trabajo de modelización teórica y no establece fechas, probabilidades concretas ni identifica qué patógeno provocará una futura pandemia.
¿Significa que la vigilancia de virus animales no sirve?
No. Los eventos de transmisión entre especies siguen aportando información relevante. El trabajo advierte que una futura emergencia no necesariamente estará precedida por varias señales fácilmente detectables.
¿Qué propone la Comisión NUS–Lancet PRIME?
Propone complementar vigilancia, laboratorios y planes de emergencia con sistemas sanitarios y sociales resistentes, confianza pública, participación comunitaria y políticas que reduzcan vulnerabilidades.