
Un trabajo realizado por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) estima que, en el año 2050, más de tres cuartas partes, o sea 155 de 204 de los países no tendrán tasas de fecundidad lo suficientemente altas como para seguir manteniendo el tamaño de su población. El porcentaje subirá al 97% en el año 2100.
Los autores advierten de que los gobiernos nacionales deben planificar las amenazas que estos cambios supondrán para la economía, la seguridad alimentaria, la salud, el medio ambiente y la seguridad geopolítica. Los resultados se publican en la revista The Lancet.
Estos cambios en la tasa de fecundidad y la estructura de la población tendrán implicaciones significativas como las siguientes:
1. Demanda de recursos: Menos niños pueden significar una menor demanda de recursos, como agua, alimentos y energía. Esto puede tener efectos ambientales positivos, incluyendo la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la disminución de la presión sobre los recursos naturales.
2. Consumo per cápita: Cuando los países experimentan disminuciones agudas en la fecundidad, sus economías a menudo despegan, lo que lleva a niveles mucho más altos de consumo per cápita y total. Esto puede resultar en un aumento de la contaminación y la degradación de los recursos.
3. Patrones de vida: Las sociedades con baja fecundidad pueden tener una mayor proporción de solteros y parejas sin hijos, que generalmente tienen más dinero y oportunidades para participar en nuevas formas de consumo, como viajes mundiales o comer fuera regularmente. Además, un aumento en la proporción de hogares sin hijos también puede afectar los patrones de vida de manera que pueden ser perjudiciales para el medio ambiente.
4. Inversión en tecnología verde: Una sociedad que está pagando más y más por pensiones y atención médica también tiene menos recursos financieros disponibles para la remediación ambiental y la inversión en tecnología verde.

Qué dice la experta
Teresa Castro Martín, profesora de Investigación en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía (IEGD) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dice:
“En 2020 el mismo equipo de investigación del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) también publicó en Lancet unas proyecciones globales de población a las que se les dio mucha publicidad. Aquel estudio recibió algunas críticas por parte de los expertos en demografía por inconsistencias metodológicas.
Las proyecciones de población más utilizadas globalmente siguen siendo las que produce bianualmente la División de Población de Naciones Unidas (las últimas: World Population Prospects 2022) y el Wittgenstein Centre for Demography and Global Human Capital (Austria). Las que produce el IHME se publicitan más, pero se nota que los autores principales (de un equipo de más de 500 colaboradores firmantes) no son expertos en fecundidad.
De todas formas, el estudio ilustra bien las tendencias esperables en un futuro próximo (2050) y otro más lejano (2100): una reducción sostenida de la tasa de fecundidad a nivel global y en casi todos los países. Este estudio estima un descenso de la fecundidad a nivel mundial, y sobre todo en el África-subsahariana, más rápido que Naciones Unidas. El estudio de Lancet prevé que la tasa de fecundidad mundial caerá por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer) en torno a 2030, mientras que la previsión de Naciones Unidas es que esto ocurra en torno a 2050.
Una aportación importante del estudio es resaltar el contraste demográfico entre los países más ricos (con una fecundidad muy baja) y los países más pobres (con una fecundidad todavía elevada). A nivel global, los nacimientos cada vez estarán más concentrados en las zonas del mundo más vulnerables al cambio climático, la escasez de recursos, la inestabilidad política, la pobreza y la mortalidad infantil.
Otra de las aportaciones importantes es la estimación del impacto que podrían tener las políticas familiares —como la ampliación de los permisos parentales, la universalización de las escuelas infantiles, las ayudas a los cuidados infantiles o facilitar el acceso a los tratamientos de reproducción asistida— en los países con una fecundidad muy baja. Se estima que el impacto sería modesto, pero podría evitar que la fecundidad siguiera descendiendo en estas sociedades».