Un estudio publicado en la revista Science Advances revela que la selección sexual y los cromosomas determinan quién vive más tiempo: en los mamíferos, las hembras ganan la carrera de la vida.

¿Por qué ellas viven más que ellos?
La diferencia entre hombres y mujeres en esperanza de vida no es nueva: desde hace siglos, los registros muestran que las mujeres viven entre cuatro y seis años más. Pero lo que sí es nuevo es la profundidad con la que la ciencia ha empezado a explicar este fenómeno desde la perspectiva de la evolución y la selección sexual.
Un estudio publicado en Science Advances analizó más de 1.100 especies de mamíferos y aves y descubrió que la clave está en los cromosomas sexuales y las estrategias reproductivas. No se trata solo de estilo de vida o acceso a salud: la diferencia está inscrita en la historia biológica de los sexos.
La ventaja genética del doble cromosoma X
Las mujeres poseen dos cromosomas X; los hombres, uno solo. Esa diferencia aparentemente mínima tiene enormes consecuencias. Tener dos copias del cromosoma X ofrece una “reserva genética” frente a mutaciones o daños en el ADN, mientras que el cromosoma Y, mucho más pequeño, apenas contiene genes de reparación.
“El doble X actúa como un seguro biológico”, explica la bióloga evolutiva Johanna Stärk, autora principal del estudio. “Cuando un gen del X falla, el segundo puede compensar su función. En los machos, esa posibilidad no existe”.
La evidencia también se repite fuera del mundo humano: en la mayoría de mamíferos —desde ratones hasta elefantes— las hembras viven más tiempo. Curiosamente, en las aves sucede lo contrario: las hembras (que tienen cromosomas ZW) viven menos que los machos (ZZ). Esto confirma la llamada hipótesis del sexo heterogamético, según la cual el sexo que posee dos cromosomas sexuales diferentes tiende a tener una vida más corta.
Selección sexual: el costo de competir

El estudio también identificó un patrón sorprendente: las especies donde los machos compiten más intensamente por las hembras —por territorio, apareamiento o jerarquía— presentan una brecha de longevidad más marcada. En palabras simples: la testosterona y la competencia matan.
En sistemas polígamos, donde un solo macho fecunda a muchas hembras, los machos suelen tener cuerpos más grandes, cuernos, colmillos o plumajes vistosos, pero también un mayor desgaste biológico. Es la factura evolutiva de la reproducción: más éxito genético, pero menos años de vida.
Por el contrario, en especies monógamas, donde la presión sexual es menor, la diferencia en longevidad tiende a reducirse o incluso invertirse. En los zoológicos, donde no hay depredadores ni competencia, la brecha disminuye, aunque nunca desaparece del todo, lo que demuestra que parte del fenómeno es genético y no ambiental.
Más años, pero con más enfermedades
Paradójicamente, aunque las mujeres viven más, tienden a enfermar más. Los científicos lo llaman la “paradoja salud–mortalidad”: ellas sobreviven a más dolencias, desde trastornos autoinmunes hasta enfermedades crónicas, pero lo hacen con mejor resiliencia fisiológica.
Los hombres, en cambio, presentan mayor mortalidad por causas externas —accidentes, violencia o consumo de tabaco y alcohol— y por enfermedades cardiovasculares más tempranas.
La longevidad femenina, entonces, no es solo una ventaja biológica, sino también el reflejo de un equilibrio entre vulnerabilidad y resistencia.
Más allá de la biología: un espejo evolutivo

Estos hallazgos amplían la mirada sobre la salud humana. No basta con analizar los hábitos de vida: comprender la evolución del envejecimiento podría ayudar a diseñar medicinas personalizadas por sexo, estrategias de prevención diferenciadas e incluso políticas públicas más precisas.
Como explican los autores del estudio publicado en Science Advances, las diferencias en longevidad entre machos y hembras no son fruto del azar, sino el resultado de estrategias evolutivas profundamente arraigadas.
La longevidad, sostienen los investigadores, no es un accidente biológico, sino una consecuencia de la selección natural.
En muchas especies, las hembras viven más porque han desarrollado mecanismos que favorecen la resistencia, el cuidado y la supervivencia, pilares esenciales para perpetuar la vida.
Vivir más no siempre significa vivir mejor, pero la historia evolutiva demuestra que las mujeres —y las hembras en general— son el resultado de una selección natural orientada a la supervivencia. Mientras la ciencia sigue desentrañando los secretos del envejecimiento, una verdad se impone: la vida, en su versión femenina, es la más persistente de todas.
F: Science Advances. EurekAlert! (AAAS, 2025).
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